En las escuelas ya no se aprende
Tengo varios primos. Uno de ellos está en secundaria y hoy, hablando sobre sus exámenes de evaluación, me ha dicho estas dos frases:
“Pero si los profesores muchas veces van con los exámenes sin preparar… Cuando les pasa eso, ellos mismos nos dicen que le piden a ChatGPT que les de las preguntas del examen”.
“Tenemos que hacer un cuaderno de apuntes. Si apuntamos en ese cuaderno lo que nos dice el profesor, tenemos 3 puntos asegurados”.
Vamos a ir desgranando todo eso.
Primero, supongamos que la afirmación inicial es real: ¿en qué momento los profesionales que deben enseñar a pensar, escribir y argumentar son ellos mismos los que usan atajos al pensamiento crítico?
¿Dónde han quedado los exámenes de “vomitar” información? Esos que te retaban a dar lo mejor de ti para explicar cada punto central y cada uno de los detalles, para demostrar que tu cerebro era ágil, capaz de memorizar y de hilar un contenido tras otro con fluidez.
Y si hemos decidido que ya no nos interesan esas preguntas, ¿dónde han quedado los exámenes que hacen pensar, que piden la justificación o la relación entre dos conceptos, fechas o sucesos?
Y lo peor es que esto no lo veo solo en el ámbito educativo: en el día a día se repite el patrón. Precisamente se repite porque no estamos enseñando de base las capacidades de pensamiento y argumentación.
Ahora mismo noto en los jóvenes la imposibilidad de estructurar e hilar una frase de forma improvisada sin usar varias muletillas o de incluir una falta de concordancia entre número y/o género. Y si les corriges, te responden con un: “Pero me has entendido, ¿no?”.
Ya no veo un amor por la cultura, por aprender, por el oficio maravilloso de ejercer la creatividad, de tener tonificado el músculo del pensamiento propio y de la argumentación.
Les pregunto a los jóvenes y:
Su objetivo es aprobar. Ya no es aprender.
Su preocupación es conocer el método de evaluación. Ya no es retener e incorporar conocimiento.
Su ilusión es terminar la jornada escolar para coger el móvil. Ya no es profundizar con documentales o películas para entender mejor la historia de sus padres, de sus abuelos, de su país, de las generaciones anteriores.
¿Para qué van al colegio? ¿Quién les va a enseñar a pensar? ¿A dónde va a ir a parar una sociedad formada por personas que ni siquiera pueden justificar de forma coherente y razonada sus propias opiniones?
Esto me recuerda a la Grecia clásica en la que comenzó la época de los sofistas: la democracia era la nueva forma de gobierno y en esta nueva política solo podían entrar aquellos que conocían ciertas artes como la de la retórica.
¿Tendremos entonces que confiar en la iniciativa privada, a su vez privada de una estabilidad por la carga impositiva que sufrimos en España? ¿Será ella la promotora del pensamiento crítico entre los jóvenes y no tan jóvenes? ¿Repetiremos los errores de los sofistas, que llegaron a desligarse del Bien, la Verdad y la Belleza (como les criticó Platón en su momento) vendiéndose al mejor postor gracias a su oratoria?
Pongamos ahora que este familiar ha exagerado y los profesores sí usan la inteligencia artificial pero no para preparar los exámenes: ¿para qué necesita una niña o un niño de 15 años la inteligencia artificial en la escuela? ¿Por qué se ha normalizado el uso de la IA en los colegios?
Durante esos años tienen que enfrentarse a un texto y sudar la gota gorda para entenderlo; es el momento de desarrollar su comprensión lectora a base de equivocarse y releer un mismo párrafo tres veces; es la etapa en la que desarrollar habilidades como la capacidad de síntesis o la de crear resúmenes, esquemas y mapas conceptuales.
¿Qué va a ser de ellos en la Universidad? ¿En el trabajo? ¿En la vida?
Vayamos ahora a la segunda afirmación.
En el colegio usan dispositivos (ordenadores, proyectores o iPads) para todo: para leer los contenidos, para hacer los exámenes, para mandar los deberes, para recibir sus correcciones. ¿Y ahora tienen que entregar un cuaderno de apuntes a mano?
¡Solo están escribiendo varias páginas de un cuaderno que no usan para poder asegurarse 3 puntos! ¿Esto realmente les sirve para aprender? ¿O refuerza esa idea de que el conocimiento no es bueno por sí mismo, sino que hay que pensar en qué entra en el examen para poder superarlo?
La contemplación y el aprendizaje no son actividades intelectuales cuyo valor se basan en su uso: tienen valor por sí mismas. ¡Por el tipo de persona en el que te conviertes cuando ejerces estas acciones!
Me da mucha pena la situación educativa actual. Sobre todo porque veo cada vez menos capacidad de comprensión lectora, menos capacidad de argumentación oral y escrita, más faltas de ortografía y, lo más grave: menos amor por los trabajos realizados con mimo.
Se ha perdido un valor fundamental: las acciones se acometen no solo para cumplir un objetivo, sino por el tipo de persona en la que te conviertes mientras lo haces.
Si no te gusta hacer esquemas pero dedicas tiempo a tener un esquema trabajado, te estás convirtiendo en una persona meticulosa, perseverante y trabajadora. Y eso, aunque cometas faltas de ortografía y aunque no quede perfecto, ya es bueno en sí mismo, porque te está convirtiendo en una persona con virtudes transversales para todos los ámbitos de tu vida.
Si eres educador, por favor, escríbeme por correo (soylauradearte@gmail.com) o por mensaje directo de Instagram, pero cuéntame como vives tú esta situación. Ahora mismo, tengo más dudas que respuestas.